He pasado varias veces por ese pequeño edificio negro de la esquina, y a menudo me preguntaba si alguien vivió ahí.
Parecía una vivienda vacía con su fachada agrietada, ventanas polvorientas, sin cortinas, sin luz, sin señales de nada. Le platiqué a Jewel sobre eso, piensa lo mismo que yo.
El viejo hombre que siempre sale de la taberna de a lado (Röeghmann) me dijo que una vez vio al diablo en una de las ventanas de arriba, que le mandó un beso.
Tenía un cierto gesto serio en su cara (casi misterioso) cuando lo contó, como si realmente hubiera visto al rey de las tinieblas.
Dijo que lo había visto cuando tiró la basura por la ventana de atrás, y que había estado robado los muebles de cualquier bar cerrado del vecindario, pero, sólo es un pobre hombre, viejo y probablemente trastornado; pero bueno, eso no importa, de todas formas el otro día Ricco y yo decidimos entrar para ver de que se trataba en realidad ese lóbrego lugar.
Tenía un corredor muy alto y muy largo que conducía a unas escaleras en la parte trasera, y en la pared de lado derecho, conté siete puertas…
Kasper Eistrup